La Diosa Fortuna repartía suerte y abundancia con los ojos vendados. Descubre su origen romano, qué significan sus símbolos y pequeños gestos para atraerla.

No mira a quién da. Y aun así, siempre encuentra a quien la necesita.
Hay nombres que llevan siglos pronunciándose cada vez que alguien desea que las cosas le salgan bien. «Que la fortuna te acompañe», decimos sin pensarlo. Pero detrás de esa frase hay una diosa con historia, con templos y con símbolos que todavía hoy siguen muy presentes en casas y comercios de todo el mundo.
Fortuna era la diosa romana de la suerte y del destino, heredera de la griega Tique. Para los romanos era quien presidía los acontecimientos de la vida y repartía, a su manera, los bienes y los reveses. No era una diosa lejana: tenía templos en Roma y uno muy célebre en Praeneste, la actual Palestrina, donde se acudía a consultarla sobre el futuro. Cada 24 de junio, además, se celebraba en su honor la fiesta de Fors Fortuna, una de las más populares del calendario.
Con el tiempo se convirtió en la personificación del destino: esa fuerza que, cuando sopla a favor, nos ayuda a encontrar el camino hacia lo que nos proponemos.
Fortuna casi nunca aparece con las manos vacías. Cada objeto que la acompaña cuenta algo:
Más allá de la historia, la Diosa Fortuna sigue muy viva en tradiciones populares que buscan abrir caminos a la abundancia, sobre todo en negocios y comercios. Estos son algunos de los gestos más extendidos:
Quizá lo más bonito de Fortuna es lo que nos enseña su rueda: nada está quieto. Los momentos difíciles pasan y las oportunidades llegan, a menudo cuando menos lo esperamos. Encender una vela, colocar una piedra o empezar el día con un pequeño ritual no sustituye al esfuerzo, pero sí nos ayuda a estar atentos, con la intención clara y la puerta abierta.
Porque la suerte, cuando llega, tiene que encontrarnos preparados.

Que la rueda gire siempre a tu favor. ✨
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